Diego Aboal: Uruguay envejece rápido: qué política necesitamos para prosperar con menos población
6 abril, 2026 2026-04-06 16:35Diego Aboal: Uruguay envejece rápido: qué política necesitamos para prosperar con menos población
Diego Aboal: Uruguay envejece rápido: qué política necesitamos para prosperar con menos población
Por: Diego Aboal
En 2025 Uruguay registró 29 mil nacimientos. Hace apenas diez años nacían cerca de 49 mil
niños por año. Son 20 mil nacimientos menos, una caída de 40% en una década. Incluso las
proyecciones oficiales se están quedando cortas: los nacimientos de 2025 fueron mil menos
de lo que había estimado el INE.
Pero el verdadero desafío no está solo en los nacimientos de hoy. Está en lo que viene.
Las proyecciones demográficas indican que Uruguay pasará de 3,5 millones de habitantes
hoy a cerca de 3 millones en unos 45 años, volviendo a niveles de población similares a los
de 1985. Más importante aún: la estructura etaria cambiará radicalmente. En 1908 había 16
niños por cada adulto mayor. Hoy la relación es aproximadamente uno a uno. Para 2070
habrá tres adultos mayores por cada niño.
UNA AGENDA DEMOGRÁFICA MODERNA
Si Uruguay quiere enfrentar su transición demográfica con éxito, necesita una agenda que
combine fecundidad, migración, productividad y capital humano.
1. Conciliación trabajo-familia
Las políticas pronatalistas tradicionales tienen resultados modestos. Subsidios por
nacimiento o transferencias monetarias raramente cambian de forma sostenida las
decisiones reproductivas. La evidencia internacional sugiere algo distinto: lo que más
importa es reducir los costos y las restricciones que enfrentan las familias para tener hijos.
Un ejemplo interesante surge de investigaciones recientes sobre teletrabajo. En una muestra
de 38 países, la fecundidad esperada es 0,3 hijos mayor cuando ambos miembros de la
pareja trabajan desde casa al menos un día por semana, en comparación con parejas donde
ninguno lo hace.
Esto muestra que la organización del trabajo también es política demográfica. Promover
esquemas laborales más flexibles puede ayudar tanto al bienestar de las familias y mejor
crianza como a la fecundidad.
Esto incluye:
- marcos regulatorios claros para el teletrabajo y los modelos híbridos
- incentivos a la flexibilidad laboral
- expansión de la infraestructura digital en todo el país.
Además, puede facilitar la descentralización territorial y mejorar la calidad de vida al facilitar,
por ejemplo, el acceso a la vivienda en localidades que se están vaciando.
2. Sistema de cuidados y pobreza infantil
El costo de criar hijos sigue siendo una barrera importante para muchas familias. Por eso,
fortalecer el Sistema Nacional Integrado de Cuidados y expandir el acceso a educación
inicial de calidad son políticas clave tanto para el bienestar como para la fecundidad.
Pero hay otro problema aún más urgente: la pobreza infantil. Hoy uno de cada tres niños en
Uruguay vive en hogares pobres. En un país donde nacen cada vez menos niños, esto es
inaceptable. No solo estamos teniendo menos nacimientos: estamos perdiendo
oportunidades de desarrollo en una proporción demasiado grande de esos pocos niños que
nacen.
En términos simples, Uruguay no puede darse el lujo de perder un tercio de su próxima
generación. Reducir la pobreza infantil no es solo una cuestión de equidad social, es
también una política central de desarrollo económico y sostenibilidad del bienestar. Las
cohortes que nacen hoy serán la fuerza laboral que sostenga el sistema previsional, la
productividad y el crecimiento dentro de dos o tres décadas.
Esto exige redoblar esfuerzos en políticas que combinen:
- transferencias bien focalizadas
- educación inicial de alta calidad
- nutrición y salud temprana
- apoyos a las familias más vulnerables.
Invertir en la infancia es, probablemente, la política económica más rentable que puede
hacer Uruguay frente a su transición demográfica.
3. Atracción de talento
Con baja fecundidad estructural, la inmigración se vuelve una herramienta clave.
Uruguay debería desarrollar una estrategia activa para atraer:
- profesionales calificados
- emprendedores tecnológicos
- trabajadores remotos globales
- estudiantes internacionales.
Esto requiere políticas de integración más agiles, ecosistemas de innovación atractivos y
ciudades competitivas. En un mundo donde el talento es cada vez más móvil, Uruguay tiene
activos relevantes —estabilidad institucional, seguridad relativa, calidad de vida— que
podrían convertirse en una política de atracción de capital humano.
4. Educación para una economía con menos trabajadores
Si habrá menos trabajadores, cada trabajador deberá ser mucho más productivo.
Esto exige reformas profundas en el sistema educativo:
- alfabetización digital temprana
- fortalecimiento de STEM
- formación técnica moderna
- aprendizaje a lo largo de la vida.
La clave no es solo aumentar años de educación, sino alinear habilidades con sectores de
alto valor agregado.
5. Tecnología y productividad
La demografía también obliga a acelerar la adopción tecnológica. Con menos mano de obra
disponible, el crecimiento dependerá más de:
- automatización
- inteligencia artificial
- digitalización de servicios
- innovación empresarial.
Esto requiere más inversión en I+D, incentivos a la innovación y mayor articulación entre
universidades y empresas. El objetivo es claro: producir más valor con menos trabajadores.
6. Empleos atractivos para retener talento
Finalmente, todo esto solo funcionará si Uruguay es capaz de generar empleos atractivos
para su población más joven y calificada.
La transición demográfica implica que cada joven será cada vez más valioso para la
economía. Pero también implica que las oportunidades fuera del país seguirán siendo una
alternativa real. Si Uruguay no logra ofrecer empleos dinámicos, bien remunerados y con
perspectivas de desarrollo, el riesgo es claro: la emigración puede amplificar aún más el
impacto de la caída demográfica.
En un país con pocos nacimientos, cada joven que se va pesa más. Por eso, la agenda
demográfica también es una agenda de desarrollo productivo y calidad del empleo. Implica
avanzar hacia una economía más intensiva en conocimiento, tecnología e innovación, capaz
de generar puestos de trabajo en sectores de mayor productividad y salarios más altos.
Esto requiere:
- mejorar el clima de inversión y emprendimiento
- fortalecer sectores intensivos en conocimiento
- profundizar la adopción tecnológica
- conectar mejor educación, innovación y empresas.
En última instancia, sostener el bienestar en una sociedad que envejece dependerá no solo
de cuántas personas haya en edad de trabajar, sino también de qué tan productivos y
atractivos sean los empleos que el país pueda ofrecerles.
En un Uruguay con menos jóvenes, retener talento será tan importante como formarlo.
7. Adaptación institucional
El envejecimiento poblacional impactará directamente en instituciones clave.
El sistema previsional deberá sostenerse con menos trabajadores por jubilado. El sistema de
salud enfrentará una mayor demanda de atención de enfermedades crónicas y cuidados de
larga duración. Y el mercado laboral tendrá trayectorias laborales más largas y cambiantes.
Esto exige políticas que favorezcan mayor participación laboral, formación continua y
sistemas de protección social más flexibles.
UN DESAFÍO ESTRUCTURAL
La transición demográfica es uno de los desafíos estructurales más importantes que
enfrenta Uruguay en las próximas décadas. El país probablemente no podrá revertir
completamente la caída de la fecundidad ni el envejecimiento poblacional. Pero sí puede
anticiparse y adaptar sus políticas para sostener el bienestar y el crecimiento.
La agenda es amplia: conciliación trabajo-familia, reducción de la pobreza infantil,
fortalecimiento del sistema de cuidados, atracción y retención de talento, educación
moderna, empleos más productivos, adopción tecnológica y adaptación de las instituciones.
En definitiva, se trata de construir un nuevo modelo de bienestar compatible con una
sociedad más pequeña y más longeva.
Porque el desafío demográfico no es solo tener menos habitantes. Es cómo seguir
prosperando con menos.
Diego Aboal
(PhD in Economics – University of Essex)