Alejandro Stipanicic: La reformulación del sistema de partidos o aferrarse al pasado

Editoriales

Alejandro Stipanicic: La reformulación del sistema de partidos o aferrarse al pasado

Por: Alejandro Stipanicic

En las pocas semanas de presentaciones de la primera edición del libro “La Coalición
Republicana” (Francisco Faig, Montevideo, Editorial Moa Demkroff, 2025) se plantearon
algunos argumentos escépticos o posiciones contrarias a avanzar en implementarla para el
próximo ciclo electoral 2029- 2030.

No es objeto de estas líneas entrar en la discusión política o los fundamentos electorales
tratados en el libro, sino explicitar los trasfondos esenciales y en el impacto negativo que
genera el no tener la capacidad de visualizar qué le pasa a un país anquilosado, atado al
pasado y con una visión de futuro atomizada y difusa.

Buscamos encender la chispa de la reflexión sobre cómo el statu quo del sistema electoral y
su complemento inexorable, el sistema de partidos, no están a la altura de las demandas de
nuestra sociedad. Con ello pretendemos ejemplificar con un ejemplo tangible todas las trabas
que nuestro sistema político se autoimpone para esquivar dar las discusiones relevantes del
país.

Argumentos en contra
Las críticas a la creación de una coalición basada en los partidos fundacionales tienen sobre
todo dos dimensiones destacadas y que fueron atendidas en el libro. En primer lugar, la falta
de interés de algunos dirigentes departamentales, en los que predomina ampliamente uno de
los partidos, de concurrir a las elecciones en el mes de mayo bajo un lema distinto al histórico
con el fin de unir esfuerzos electorales con otros partidos políticos. En segundo lugar, la

posición que plantea la definición republicana en el eje de identidades progresista-
conservador o, lo que es muy similar, el eje izquierda-derecha y, por tanto, especula con cómo
se le gana al de enfrente, si pareciéndose a él o diferenciándose de él.

Básicamente, una se traduce en fundamentos de un pasado que las nuevas generaciones no
conocen bien (las divisas), y la otra en una visión del mundo desde el pudor de lo
políticamente correcto o lo que vende más o lo que está de moda o lo que conviene aunque
no necesariamente sea lo mejor.

Ninguna de las críticas hace foco en que el país está estancado, en un estado de empate
permanente o, a lo sumo, en victorias pírricas de un signo u otro. Ninguna de las críticas
apunta a que lo importante no es ganar, sino que ganen las ideas; tampoco es que uno tenga
el poder, sino que se sepa para qué se tiene el poder o que el poder sea para hacer el bien
de forma sostenida, no sólo derramar alegría pasajera entre los votantes mantenidos por un
sistema de bienestar ficticio, caro y letal en el mundo que vivimos.

Es allí donde el concepto de la Coalición Republicana aparece como una oportunidad, ya no
electoral sino como ejemplo de un nuevo entendimiento entre diferentes, como bastión de
tolerancia y nueva convivencia. En el fondo, es el planteo de la reconfiguración del sistema de
partidos para realzar las diferencias valóricas o de prioridad en torno de la libertad, la justicia,
el mérito y la igualdad.

La verdad de las cosas es que el fin de un partido debe ser ganar elecciones para llevar sus
ideas y propuestas al poder.Y que, en el estado actual de la configuración partidaria del país,
abrir las posibilidades a triunfos más contundentes (en especial en el Parlamento) es algo que
se logra solamente con nuevas formas de entendimiento, diálogo, negociación y,
fundamentalmente, de reglas de convivencia madura. Repetir viejas fórmulas conlleva
inexorablemente a repetir resultados.

Nuestro sistema de partidos y también nuestro sistema electoral quedó atrapado en una
forma de interpretar el mundo que no es el del presente. El concepto de Coalición
Republicana va mucho más allá de un objetivo electoral cercano o lejano en el tiempo. Viene
a ser una propuesta de reformulación dinámica de la relación entre los ciudadanos para que
éstos elijan cómo prosperar o subsistir.

A partir de allí, que es a la vez una decisión de principios políticos y de conveniencia electoral,
cada uno marcará su matiz y fijará sus prioridades de políticas públicas. Que sea luego la
ciudadanía, apoyando a unos u a otros, la que laude acerca de quién es el que ha de tener
más peso en la ecuación coalicionista de uno y otro signo. No se trata de ganar por una
izquierda diferente, por la derecha, o por el centro. Se trata, en realidad, de que cada uno de
los sectores que consideran que se gana por una vía o por otra, todos con sus matices y con
sus diferencias, compartan el espacio político dentro de una amplia coalición. Al final del día y
con el resultado de las urnas, se verá cuál es la decisión ciudadana sobre qué sector es más
apoyado que otro, y se definirá por tanto cuál es el énfasis que debe tomarse dentro de ese
camino coalicionista común.

Ese es el clásico esquema de coalición dentro del cual cada partido debe tener su propia
personalidad y perfil y mostrar también su capacidad de negociación y acuerdos con partidos
de sensibilidades parecidas, de manera de aunar esfuerzos para ganar elecciones y plasmar
luego en el gobierno sus ideales políticos.

Nuevos argumentos
Así las cosas, los argumentos críticos a la propuesta que nos interesaron más fueron otros
que no habían sido tomados en cuenta en la redacción del libro y que analizamos en visión
conjunta y plural ahora. Nos resulta bueno aquí explicitarlos e intentar rebatirlos de manera de
arrojar más luces al debate sobre este proceso coalicionista. Y nos interesa en este sentido
hacer con este ejercicio un paralelismo con las causas asociadas a factores que llevan al
estancamiento de nuestra sociedad.

a) El problema de la implementación
Hay varios argumentos que han subrayado las dificultades de implementación de esta
Coalición Republicana, pero reflejan asuntos más profundos que abarcan a la sociedad toda.
Resumidamente son los siguientes:
1.no hay aún affectio societatis suficiente entre los partidos por lo que todo camino de
coordinación acerca de campañas electorales y estrategias de ese tipo será complejo;
2.una interna entre candidatos de diferentes partidos en el espacio común de un lema sería
una incitación para promover argumentos identitarios de un lado y del otro que
dificultarían la necesaria coordinación posterior para competir en las elecciones
nacionales de octubre enfrentando a la coalición adversaria;
3.achicar el espacio de competencia entre fórmulas afines a una visión del país en octubre
genera una especie de embudo de oferta electoral que en verdad limita las opciones del
electorado.
Cuando se toma distancia del planteo de la Coalición Republicana, estas tres objeciones
están presentes también en cualquier discusión de política pública. El país no puede avanzar
exactamente por esas razones en los marcos temporales del ciclo de gobierno que lleva a los
actores a estar pensando en la contienda electoral por encima de las contiendas de las ideas.
Ese es el efecto indeseado, pero presente, en nuestra disociación entre sistema de partidos,
sistema electoral y realidad.

Con relación al affectio societatis creemos que es la más endeble de las tres objeciones. Al
tratarse de predisposiciones personales, y teniendo en cuenta lo que realmente está en
juego, es cuestión de madurez e inteligencia de los dirigentes partidarios encontrar caminos
de convergencia y de coordinación. Si esa madurez y esa inteligencia no existen, no importa
si hay o no Coalición Republicana, ya que no se habrá entendido nunca el camino en etapas
que marca el sistema electoral a partir de 1997 para acumular fuerzas para ganar elecciones.
Implementar coordinaciones multipartidarias, además, ya cuenta con algunos antecedentes
en al menos tres departamentos del país, cuando fueron las elecciones de mayo de 2025. No
se iniciaría por tanto un proceso desde la nada. Y visto esto en perspectiva tampoco es algo
que, si se le pone voluntad, sea tan difícil de lograr para el nivel de comicios nacionales.

La preocupación que surge es que, si no se logra instrumentar lo fácil que es lograr un
camino común para ganar una elección, en un escenario de paridad entre bloques en el
Parlamento, tampoco se va a lograr un acuerdo tan amplio como para formular o corregir
políticas públicas tan sensibles como polémicas e imprescindibles para dar el salto al porvenir
que tanto precisa el país.

b) El problema de la pérdida de peso relativo de los partidos con menos votos
Otro argumento bien interesante que se planteó en estas semanas contrario a la Coalición
Republicana es que si se presenta una Coalición Republicana en todo el país para octubre,
puede resultar que en departamentos en los que hoy existe un diputado colorado ese partido
se quede sin representación. Se plantea que puede llegar a estar escondido en el
razonamiento pro-coalicionista (consciente o no) es una especie de trampa para los partidos
menores que la conformarían, y en particular para el Partido Colorado que vería cómo se lleva
adelante una Coalición Republicana en desmedro de su representación partidaria concreta en
el Parlamento.

Sin embargo, esta visión presenta sesgos de análisis que la hacen incurrir en errores de
descripción y perspectiva. En primer lugar, hay un sesgo porque se omite una dimensión
relevante del reparto de bancas que es el llamado tercer escrutinio. En efecto, las bancas a
Diputado son de reparto nacional y no departamental.

lPor tanto, existe el tercer escrutinio que dice que, si algún lema en un departamento en que
no obtuvo representación ofrece mayor cociente que en otro en que sí obtuvo representación,
la banca se adjudica en el departamento en que obtuvo mayor cociente. Esto quiere decir que
“se pasa” la banca de un departamento a otro, excepto para el caso de que dicho traslado
implicase dejar al departamento con una representación inferior al mínimo constitucional de
dos bancas.

Más allá de lo técnico y enredado que pueda ser el asunto, lo cierto es que no existe una
“garantía de banca” en tal o cual departamento por concurrir con lema propio.

En segundo lugar y más importante, está el sesgo de ver la pasada fotografía electoral como
algo que no puede cambiar fuertemente por causa de la conformación de la Coalición
Republicana. Supongamos que en un departamento con mayoría blanca se mantiene la
tercera banca para el lema Coalición Republicana sin ser modificada su atribución por el
tercer escrutinio. En este esquema, de ninguna manera se puede razonar que es inexorable
que el segundo candidato más votado de los blancos obtenga más apoyo que el primero de
los colorados.

En efecto, una Coalición Republicana con todos los sectores y partidos reunidos bajo un
mismo lema cambia toda la expectativa de alianzas y acuerdos electorales posibles. Por un
lado, los partidos menores pasarían a poder contar con un protagonismo departamental para
las elecciones municipales mucho más potente. Por otro lado, el escenario de octubre no
tendrá por qué seguir conservando grandes columnas de votos tras un candidato particular a
Diputado en tal o cual lista alineada históricamente en uno de los partidos. Al pasar a coexistir
más listas al Senado y distintas alianzas posibles dentro del lema Coalición Republicana,
podrá pasar a haber, quizás, mucha más competencia de listas de candidatos a Diputados.

Lo relevante es darse cuenta de que es toda la configuración electoral la que cambia y que
ello puede redundar en mayor presencia de todos los partidos con menos votos. Lo crítico es
saltar de la conveniencia personal del temeroso a perder su posición a que se convenza de
que otra posición puede darle más exposición e incidencia en la toma de decisiones.

c) El problema de la organización de los partidos
Finalmente, un problema que se plantea con la conformación del lema Coalición Republicana
es el de las organizaciones de los partidos, en sus convenciones y autoridades ejecutivas,
que hasta ahora naturalmente surgían de las elecciones internas independientes de cada uno
de ellos.

En el caso de que blancos y colorados se presenten a elecciones bajo el lema Coalición
Republicana, ¿qué ocurrirá con sus estructuras partidarias tanto a nivel nacional como
departamental?

Pues nada, este es un problema operativo que debe ser enfrentado con cierta imaginación.
Seguramente en función de distintivos acordados por los partidos, que permitan diferenciar a
unos de otros dentro de los votos coalicionistas en la interna del lema, se pueda asignar la
proporción de votos a cada sector y que, en un cálculo de cada partido y en función de sus
criterios propios, cada uno de ellos conformará sus autoridades partidarias a partir de esos
resultados de la elección interna. También, por cierto, existe la posibilidad de que cada partido
defina su elección de autoridades en una instancia diferente a la interna de la Coalición
Republicana.

En esta dimensión también surgen reparos subsanables con herramientas disponibles y que
no requieren más que acuerdos y criterios dentro de las reglas de juego existentes.

d) Es de abajo hacia arriba
La recepción de este libro nos ha mostrado finalmente que hay una muy buena disposición a
implementar la Coalición Republicana entre aquellos ciudadanos politizados que no forman
parte del mundo más dirigencial político partidista. Es decir, el proceso viene bien aspectado
en una dirección que podríamos llamar de abajo hacia arriba: es la presión de la opinión
pública, de los ciudadanos de a pie que son los que piden “ir juntos”, lo que ha llevado a que
todo esto se plantee y se debata con más vigor.

Conclusión
Existe un paralelismo perfecto entre la discusión sobre la creación de la Coalición
Republicana y la formulación de políticas públicas de amplio consenso. Los reparos, temores
y disquisiciones pseudo filosóficas son siempre parecidas y basadas, fundamentalmente, en
cuestiones de retórica histórica alejada del presente, defensa de intereses particulares (sino
estrictamente personales) o de equilibrios de poder que permitan captar pequeñas ventajas
circunstanciales sin romper el statu quo.

“Ir juntos” o “poder hacer o cambiar juntos” debe hacerse con las actuales reglas de juego y
siendo lo suficientemente inteligentes, imaginativos y pragmáticos como para satisfacer las
expectativas de unas estructuras partidarias o grupos de interés o de poder que, en muchos
casos, son tan válidas como variadas.
La transformación del país está en la capacidad de adoptar nuevas soluciones para tiempos
diferentes y nos ratifican en la idea de que las dirigencias partidarias, el sistema político todo,
tiene por delante la muy potente e histórica tarea de hacer posible los cambios estructurales
que el país necesita con una base popular amplia y lleva una esperanza extendida de
construir un país venturoso y próspero.

Es desde esa perspectiva que, sobre la reflexión del libro Coalición Republicana publicado el
año pasado, nos resultó importante plantear estas reflexiones conjuntas: ellas ilustran que,
con lugares y preferencias partidarias diferentes, se puede construir un derrotero republicano
común.

Republicanos, a las cosas.

Escribe tu comentario aquí

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Select the fields to be shown. Others will be hidden. Drag and drop to rearrange the order.
  • Image
  • SKU
  • Rating
  • Price
  • Stock
  • Availability
  • Add to cart
  • Description
  • Content
  • Weight
  • Dimensions
  • Additional information
Click outside to hide the comparison bar
Compare