Juan Pablo Nieto: Uruguay conectado. El entretenimiento como valor agregado

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Juan Pablo Nieto: Uruguay conectado. El entretenimiento como valor agregado

La revolución del contenido: cuando la conectividad no alcanza

JUAN PABLO NIETO STABILE

“Todos los jugadores del mercado deben aggiornarse, y el gobierno nacional necesita implementar políticas públicas y regulatorias que coloquen al usuario final en el centro, y no a las instituciones —públicas o privadas— como fin en sí mismas.”

La revolución del contenido: cuando la conectividad no alcanza
Algunos lectores podrán recordar otras épocas en las que conseguir la instalación de un
teléfono fijo en el hogar era una combinación de varios meses de paciencia y suerte (y a
veces, hasta de contactos personales…). También una época en la que el proveedor de
telecomunicaciones ofrecía un servicio tan diferencial que no se cuestionaba su costo ni su
falta de disponibilidad: la demanda superaba con creces la oferta.

Hoy, en cambio, los usuarios exigen una instalación casi inmediata de sus servicios, sean fijos
o móviles, demandando estabilidad, calidad, cobertura, y sobre todo, precios competitivos. Y
las empresas proveedoras lo han estado cumpliendo – y mejorando – esas expectativas
constantemente.

Como mencionamos en el artículo anterior, Uruguay ha logrado una conectividad casi
universal en las últimas tres décadas. La expansión de la red de cobre y su digitalización, la
posterior incorporación de la fibra óptica y la ampliación masiva de radiobases a lo largo y
ancho del país, etc., han culminado en lo que algunos empresarios denominan “problema
feliz”: la mejora sustancial del servicio genera que los usuarios no puedan diferenciarlo de
otras alternativas, volviendo al producto un “commodity” y forzando a las empresas a volverse
creativas para atraer más clientes o mejorar su facturación.

Este fenómeno no es exclusivo a las telecomunicaciones. Pensemos en otros servicios de
infraestructura, como la energía eléctrica, el combustible o el agua potable. A diferencia de la
paciencia que debían tener nuestros padres y abuelos, los actuales residentes de nuestro
país demandan servicios de excelencia que en otro momento serían impensables o
considerados lujos. Y las empresas proveedoras saben que ofrecer solo lo mínimo (un
servicio básico de luz, un solo tipo de combustible o una presión de agua apenas decente) no
alcanza para diferenciarse de la competencia.

Es en esta disyuntiva que las empresas de telecomunicaciones se han reconvertido: pasaron
de ser meros proveedores de autopistas de datos a también conducir y ofrecer fletes en ellas.

Pero, del mismo modo que pueden ingresar en nuevos mercados, también otros actores
comienzan a incursionar en el suyo.
Para muchos lectores les será natural considerar que un hogar puede tener dos servicios bien
diferenciados: la conectividad (también llamada “el internet”) y el contenido audiovisual
(también llamada “la televisión o el cable”). Estos servicios fueron inicialmente entregados por
medios tecnológicos distintos —como el par de cobre (por ejemplo, ADSL) para conectividad
y el cable coaxial para contenido audiovisual—. Sin embargo, la digitalización y la expansión
hacia el mundo IP generaron una convergencia que en Uruguay tardó más en concretarse.
Como mencionamos en el artículo anterior, hoy tanto el contenido audiovisual como la
conectividad pueden ser entregados por ambos medios. Lo audiovisual puede transmitirse vía
IPTV o streaming (OTT, Over-The-Top), a través de par de cobre o fibra óptica, mientras que
la conectividad también puede ser provista por cable coaxial (DOCSIS, etc.).

Esta lógica llevó a que las empresas tradicionales de telecomunicaciones comenzaran a
considerar el contenido audiovisual como una forma de diferenciar su servicio, al tiempo que
las tradicionales “cableras” vieron la conectividad como un valor agregado a su producto
audiovisual. La paquetización de servicios, orientada a fidelizar clientes, no solo diversificó la
oferta, sino que además redujo los precios finales para los usuarios.
Debido al marco regulatorio nacional, esta convergencia tardó en materializarse, y recién
ahora se observa cómo el mercado comienza a adaptarse.
Nuevas reglas: la tecnología es terca y avanza
La posibilidad de cruzar el umbral que limitaba a las empresas se ha vuelto real. Mientras que
ANTEL, como proveedor cuasi exclusivo de conectividad fija, ha invertido en su propia
plataforma ANTEL TV (ex Vera), los proveedores de cable coaxial han comenzado la
instalación de fibra óptica en pos de balancear la competencia.

Aunque resulte curioso, las empresas de cable no habían tenido permiso a expandir su red
para otorgar conectividad fija hasta hace algunos años. La regulación que protegía a ANTEL
impidió que otros proveedores usaran su tecnología para ofrecer servicios de conectividad, lo
cual —si bien resguardó los intereses de la empresa pública— también derivó en mayores
costos para los usuarios, al impedir la paquetización temprana de productos.

De todos modos, la tecnología es terca y avanza, y la convergencia se dio por otros caminos.
La dependencia del internet como herramienta básica en los hogares llevó a que los
operadores de cable o TV satelital expandieran su oferta a través de plataformas propias de
streaming, permitiendo que los usuarios no dependieran de la infraestructura tradicional para
acceder a contenido audiovisual (TCC Vivo, DGO, NS Now, etc.).
ANTEL también desarrolló su propia plataforma audiovisual, aunque con éxito moderado
debido a la falta de contenido diferenciador. El foco estratégico de la empresa estatal no ha
estado en este punto, dejando a ANTEL TV como un producto de carácter puntual (eventos
específicos) y social (canales del interior, contenido educativo, etc.). Esto le ha impedido
monetizar el mercado de manera autónoma, dependiendo de otros actores internacionales.

La internacionalización: cuando los jugadores ya no son locales

Así como las tecnologías convergen, internet también ha permitido el traspaso de fronteras.
Multinacionales como Netflix, Disney, HBO o Paramount han expandido su presencia
mediante contenido exclusivo, excelente experiencia de usuario, diferenciación en precios y

simplicidad en la contratación, generando una ampliación significativa de las opciones para el
usuario final.

Aunque estas empresas siempre han ofrecido la compra directa de sus servicios, la
necesidad de fidelización se ha convertido en un desafío. La volatilidad de los clientes
impacta en sus números mensuales, por lo que varias han optado por reducir su margen a
cambio de contratos a largo plazo. Y quién mejor para gestionarlos que las “viejas” empresas
de telecomunicaciones.

Por otro lado, combinar servicios en paquetes genera que los usuarios piensen dos veces
antes de cancelar una suscripción, no solo por la sinergia de costos sino también por el tedio
que implica el proceso. Por eso, las empresas de telecomunicaciones ven con buenos ojos
asociarse a estos servicios, incluso cuando no les generan ganancias directas o compiten
con su propio contenido.

Las compañías móviles (como Tigo o Claro) también han desarrollado sus propias
plataformas en varios países, aprovechando sus economías de escala y su amplia base de
clientes para justificar la inversión. Esto último es un desafío mayor para ANTEL, dada la

limitación del tamaño del mercado. Sin embargo, la empresa estatal ha decidido aliarse con
las multinacionales del streaming para diferenciar su oferta. Disney y DGO se han convertido
en sus principales armas audiovisuales, y todas las partes se benefician de la sinergia.
Aunque la estrategia parece lógica, la independencia tecnológica de ANTEL puede ponerse
en duda al depender de plataformas que no controla. Recordemos que, en este mundo, nadie
es infalible [1].

Conclusiones: abrazando a la convergencia
Como se ha señalado, realizar ajustes artificiales regulatorios a la ola tecnológica es como
tratar de contener un río con un balde. Todos los jugadores del mercado deben aggiornarse, y
el gobierno nacional necesita implementar políticas públicas y regulatorias que coloquen al
usuario final en el centro, y no a las instituciones —públicas o privadas— como fin en sí
mismas.

El próximo artículo presentará algunas sugerencias para la mejora regulatoria en nuestro
país, siempre posicionando al ciudadano como protagonista principal de las políticas públicas
nacionales.

Juan Pablo Nieto Stabile
Ingeniero en Telecomunicaciones – UCUDAL
MSc. Engineering & Policy Analysis – Delft University of Technology

Referencias
[1] BBC,
«Una falla global en la nube de Amazon genera problemas a cientos de aplicaciones
de empresas como Snapchat, Zoom y varios bancos,
» 20 10 2025.
Available: https://www.bbc.com/mundo/articles/cly941r41w4o.

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