Martín Mattos: Riego en Uruguay. Pasado, presente y futuro.
5 febrero, 2026 2026-02-27 7:17Martín Mattos: Riego en Uruguay. Pasado, presente y futuro.
Ing. Agr. MARTIN MATTOS
“ El verdadero debate radica en cómo promover su adopción por parte de un mayor número de productores agropecuarios y en cómo el Estado puede utilizar sus recursos de manera eficiente. ”
RIEGO EN URUGUAY: PASADO, PRESENTE Y FUTURO.
Desde hace muchos años, Uruguay ha desarrollado distintas acciones de política pública
orientadas a promover la adopción de la tecnología del riego. Ya en la década de 1940
pueden mencionarse la construcción de las represas del Arroyo Chingolo, en Paysandú, y
del Sistema de Riego de Aguas Blancas, en Lavalleja. Más recientemente, se impulsaron los
sistemas de riego de la Colonia Tomás Berreta, en Río Negro, y de la Colonia España, en
Bella Unión.
Entre 1993 y 2000 actuó el PRENADER (Programa Nacional para el Desarrollo de los
Recursos Naturales y el Riego), que promovió la construcción de sistemas de riego tanto
individuales como colectivos. Entre estos últimos se incluyeron obras sobre grandes
represas, como la del Arroyo Canelón Grande, así como explotaciones de cursos
superficiales como el Arroyo Chamizo, entre otros. Posteriormente se implementó el
Proyecto de Producción Responsable (PPR) y la Estrategia Asociativa de Agua para la
Producción. A ello se sumó la presentación de la Estrategia de Fomento del Desarrollo de la
Agricultura Regada en Uruguay en 2015 y, más recientemente, los Avances para un Plan
Estratégico para el Uso del Agua en la Producción Agropecuaria, presentados en octubre de
2024 por la OPP, el MEF, el MGAP, el MA, el MIEM, el MTOP, el MVOT y UTE.
Todas estas acciones partieron de diagnósticos coincidentes respecto a la importancia de la
adopción del riego para los distintos sistemas productivos del país. Asimismo, promovieron
su implementación mediante apoyos de financiamiento externo y contrapartes nacionales,
con el objetivo de lograr una adopción más generalizada. Sin embargo, los resultados han
sido variables y, en general, nunca alcanzaron una escala extensiva. Muchas de las represas
construidas continúan sin uso o presentan un aprovechamiento parcial.
Sin perjuicio de los logros alcanzados en la adopción del riego en sistemas intensivos
particularmente en la horticultura, la fruticultura y el arroz—, persisten aún obras del
PRENADER sin explotar plenamente. Tampoco las EEAPS lograron resultados significativos.
En algunos casos se identificaron deficiencias constructivas y, en otros, resistencias de los
propios actores al momento de implementar esquemas de riego asociativo.
Uruguay ha logrado modificar exitosamente su matriz de generación energética. A la base
histórica de las represas hidroeléctricas se sumaron la generación eólica, la biomasa —con
un rol destacado de las plantas de celulosa— y, más recientemente, la energía fotovoltaica.
Todas estas tecnologías fueron subsidiadas para su adopción, ya sea de forma directa o
mediante contratos favorables en términos de precios y plazos para los inversores. Dado que
la única forma de almacenar energía a gran escala es mediante el agua embalsada en
represas, estas infraestructuras resultan estratégicas para UTE. Consideramos pertinente
estudiar la posibilidad de utilizar parte del agua embalsada en represas de UTE para riego.
La cesión de capacidad de generación sería mínima para la empresa estatal, mientras que el
impacto productivo en los predios adyacentes podría ser muy significativo.
Un caso destacable es el de la represa de Palmar, que cuenta con la mayor superficie de
suelos productivos aguas abajo y que, en los hechos, se está transformando en la mayor
represa “multipredial” para riego del país.
Otras oportunidades relevantes surgen de las posibles extracciones directas o tomas de
agua en distintos puntos del Río Uruguay. Desde Bella Unión hasta el bajo litoral existen
puntos de captación favorables, así como amplias áreas productivas que podrían
beneficiarse del riego. Entre ellas se encuentran las zonas de Casablanca, en Paysandú;
San Javier y Nuevo Berlín, en Río Negro; La Concordia y La Agraciada, en Mercedes; el área
del Río San Juan, en Colonia; y la zona del Río Rosario hasta el Río de la Plata. En estos
territorios existen múltiples posibilidades de desarrollar grandes obras y sistemas de riego
colectivo sin necesidad de expropiar ni inundar tierras de alta productividad. En este sentido,
podría jugar un rol estratégico el Proyecto del Banco Nacional de Aguas.
Desde nuestra perspectiva, resulta más efectivo multiplicar las oportunidades mediante
varias obras de mediano porte —ya sean tomas directas o represas— altamente eficientes
para regar áreas circundantes, en lugar de concentrarse en grandes embalses multiprediales
que pueden resultar muy onerosos para el Estado, aun sin considerar los desafíos legales y
las complejidades asociadas al suministro de agua a los predios.
Dentro de esta lógica de grandes embalses, merece especial atención la Laguna Merín. Este
recurso natural del Uruguay, más allá de su uso parcial para riego y abastecimiento urbano,
termina volcándose mayoritariamente al océano con un bajo aprovechamiento productivo. La
cuenca de la Laguna Merín debería analizarse como un proyecto integral de desarrollo
nacional, incluso considerando importantes obras de infraestructura asociadas que
contribuyan al control de inundaciones y al desarrollo regional.
En relación con la disponibilidad de agua para el consumo humano, existen salvaguardas de
rango constitucional suficientes que no admiten mayores discusiones. Por otra parte,
respecto a la magnitud de la interceptación del agua de escurrimiento producto de las
precipitaciones, está claramente establecido que el volumen utilizado es mínimo y no genera
afectaciones sensibles ni para la población ni para los ecosistemas, mientras que su impacto
en el desarrollo local y nacional puede ser muy significativo.
Uruguay cuenta, además, con una profusión de agencias estatales vinculadas tanto a la
cesión de derechos de uso de aguas públicas como a su gestión. Entre ellas se destacan la
Dirección de Recursos Naturales —a través de los Planes de Uso y Manejo Responsable de
Suelos y Aguas—, la Dirección Nacional de Control y Evaluación Ambiental y la Dirección
Nacional de Aguas, entre otras. Todas estas instituciones están respaldadas por abundante
legislación y reglamentación que permiten garantizar un uso correcto, responsable y
sustentable del recurso hídrico en la producción de alimentos.
Un aspecto central para avanzar en esta estrategia de riego es la capacitación de los
actores de toda la cadena de valor del riego. Las actividades académicas orientadas a la
formación de técnicos deberían recibir un apoyo consistente. Resulta indispensable una
actualización de las currículas vinculadas a temas de riego, así como el fortalecimiento de la
formación de recursos humanos a nivel de programas de posgrado en el exterior.
Reconociendo el liderazgo histórico de la agronomía, este esfuerzo debe extenderse a todas
las disciplinas que confluyen en el abordaje integral de estas problemáticas.
En definitiva, estamos a favor de la tecnología del riego. Esa no es la discusión. El verdadero
debate radica en cómo promover su adopción por parte de un mayor número de productores
agropecuarios y en cómo el Estado puede utilizar sus recursos de manera eficiente. En este
camino, y a partir de la experiencia acumulada en políticas públicas y programas de
promoción, consideramos que resulta más adecuado comenzar con proyectos de mediano
calibre.
En este proceso será fundamental el trabajo de la OPP, que debería complementar el
análisis de la disponibilidad de agua —ya sea mediante tomas directas, captación de
escurrimientos pluviales o represas— con la identificación precisa de aquellas zonas donde
el riego generaría el mayor impacto productivo y social.
Como toda política pública, más allá de su utilidad o necesidad, la sociedad asignará
recursos para el desarrollo del riego. Será el tiempo el que permita verificar si se han dado
los pasos correctos y si las personas y equipos responsables de liderar esta agenda logran
resultados exitosos. Nuestras observaciones y sugerencias se realizan desde un espíritu
constructivo, como un actor más que ha participado en el estudio del tema, con el objetivo
de que Uruguay impulse una mayor adopción de esta tecnología, genere desarrollo y haga
un uso eficiente de los recursos disponibles. No obstante, será indispensable una evaluación
por resultados, a la cual estaremos atentos.
Pensar la agropecuaria de los próximos 50 años no implica únicamente regar.
Existen sectores del agro que enfrentan crisis recurrentes o que no logran sostener su
actividad sin sobresaltos. Que esta iniciativa no opaque ni reduzca el valor de impulsar una
estrategia integral de desarrollo agropecuario para el país en su conjunto.
Ing. Martin Mattos
Ingeniero Agrónomo – UdelaR
Ex-Director de Recursos Naturales del MGAP