¿Transición energética? ¿Con petróleo?

Editoriales

¿Transición energética? ¿Con petróleo?

Por GERARDO VEROSLAVSKY

Tal vez sea el momento para que la clase política uruguaya y nuestra sociedad se sumerjan de lleno en el debate sobre la energía, un tema vital para nuestro futuro. La energía es esencial para cualquier sociedad que busque crecer con bienestar, justicia social y de la forma más sostenible posible. Discutir sobre energía conlleva, necesariamente, pensar y definir el modelo de crecimiento económico del país. Un debe. Sin energía competitiva, un desarrollo productivo es una quimera.

Recientemente leí “Sin transición energética, una nueva historia de la energía”, del investigador francés Jean-Baptiste Fressoz. En su libro, sostiene que “la transición energética” se ha impuesto como un relato tranquilizador, una futurología oficial que, desde la década de 1970, sirve más para aplazar decisiones que para transformar realmente el sistema. En el inicio, Fressoz advierte que “en lugar de presentar -como es habitual- la sucesión de los diferentes sistemas energéticos que han ido apareciendo en el curso del tiempo, estas páginas tratan de explicar hasta qué punto todas las fuentes de energías primarias se han desarrollado juntas y por qué motivo, lejos de sustituirse unas a otras, se han ido acumulando”.

Y tiene razón. Mis estudiantes siempre me preguntan cuándo se acabará el petróleo. Les respondo lo que me enseñó mi profesor de Geología del Petróleo en la Universidad de Buenos Aires: nunca. Antes de que nos quedemos sin petróleo, encontraremos alternativas energéticas que lo sustituyan, era parte de su explicación. Hoy, en mis clases, añado otra reflexión: ¿acaso pasamos de la Edad de Piedra a la Edad del Cobre porque se acabaron las piedras? ¿o de la Edad del Bronce a la Edad del Hierro porque nos quedamos sin cobre? Pero otra realidad señalada por Fressoz es palpable: la humanidad sigue utilizando todas las energías que descubrió desde el Paleolítico hasta la actualidad. La leña, el carbón, el petróleo, el gas, la nuclear, la solar, la eólica, entre otras. Y lo haremos por mucho tiempo más.

La transición energética es necesaria para la salud y la economía de nuestro planeta. El cambio climático y sus consecuencias son indiscutibles. La transición energética es necesaria para frenar el aumento de la temperatura y también porque, en algún momento, las nuevas energías sustituirán casi definitivamente a los combustibles fósiles. Sin embargo, algo nos indica que no todos, por ahora, puedan abandonar las distintas energías disponibles, incluidas las fósiles, porque hay demandas, crecimientos y desarrollos impostergables. Esto hace pensar que la transición energética tendrá formas y tiempos diferentes a lo pensado hace muchos años, ya que las energías renovables están lejos de solucionar los aspectos tecnológicos y operativos que las coloquen a un costo razonable frente a las energías tradicionales.

Los políticos uruguayos y autoridades, decisores de los rumbos a tomar, deberían seguir de cerca el debate mundial por el que transita la energía a nivel global. Por ejemplo, es interesante seguir la fuerte autocrítica que sus pares europeos se hacen al sentirse “traicionados” por el grupo de tecnócratas y académicos de Bruselas que los han llevado a tomar decisiones inviables y a las que deben enfrentar para frenar, graduar o revertir. Esto a pesar de que muchos les advirtieron que los objetivos de la Unión Europea de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para preservar el planeta (léase electrificación y energías renovables), mantener la autonomía energética y la competitividad eran imposibles de realizarlas al mismo tiempo en el mundo real. Aún antes de la invasión rusa y que el sheriff del mundo propiciara este desorden mundial.

Cabe acotar que ninguno de los países europeos en los que uno les reconoce sus altos índices de desarrollo humano, sistemas de bienestar social fuertes, educación de excelencia, economías desarrolladas y altos índices en el cuidado ambiental, aún los más “ecologistas”, han abandonado el uso de los combustibles fósiles y, menos aún, la investigación científica orientada al conocimiento de sus recursos energéticos.

Hoy discutimos en Uruguay, casi sin referentes políticos y autoridades que guíen y propicien la discusión, sobre porqué el país tiene la necesidad de buscar petróleo en su territorio. Me ha sorprendido el Sr. Ministro cuando justifica algunos aspectos diciendo “esto viene desde lejos” en la prensa. Es cierto, vienen desde muy lejos nuestros esfuerzos en la búsqueda de energéticos, política sostenida por muchos gobiernos desde inicios del siglo XX y lo que va del XXI, recordando su inicio con José Batlle y Ordoñez. Cabe recordar que los recursos energéticos que puedan existir en nuestro subsuelo, cualquiera sea su naturaleza, son propiedad del Estado uruguayo. Si las grandes compañías petroleras están interesadas en explorar acá, entre otros motivos, se debe a que sucesivos gobiernos, con decisiones que entiendo acertadas, invitaron a la industria petrolera mundial a participar de la exploración a través de las denominadas rondas, procesos licitatorios transparentes.

¿Cuál es la realidad futura del petróleo?

Es un desafío responder con certeza, pero parece que la transición energética aún no está lista para abandonar los combustibles fósiles. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) anticipa un crecimiento continuo del consumo mundial de petróleo hasta 2050, alcanzando los 122 millones de barriles por día, con India consumiendo casi 10 millones de barriles por día. Por su parte, la Agencia Internacional de Energía (AIE) proyecta un crecimiento más moderado, estimando un pico de 102 millones de barriles por día en 2030, seguido de un declive. En cualquiera de las previsiones, la lectura sólo puede ser una: se está muy lejos de dejar de utilizar el petróleo por varias décadas.

Las previsiones de la AIE incorporan el actual escenario político, las medidas que los gobiernos llevan actualmente adelante, así como las anunciadas para el futuro, pensando que este panorama seguirá por más de dos décadas. En ese informe de perspectiva global y bajo ese contexto, la AIE prevé que el escenario de las energías renovables avanzará en forma muy lenta en los próximos años. Cuánto más lenta, nadie lo sabe. Una parte de la comunidad científica ante esa postura de la AIE reacciona y señala que sólo ese juicio deja ver un fuerte retroceso por parte de la agencia.

El actual panorama político mundial genera incertidumbre en relación a la energía y tiene sus consecuencias. ¿Cuál de esas organizaciones está más cerca de brindarnos mayor certeza? ¿Cuántas veces se anunciará el fin de la era del petróleo? ¿Por cuánto tiempo más el petróleo seguirá con su hegemonía energética? Lo cierto es que muchos proyectos de inversión en energías renovables han caído, se han postergado o se han enlentecido.

En definitiva, debemos entender que en las actuales circunstancias que atravesamos, las cuestiones básicas sobre las previsiones energéticas globales que podamos hacer no dependen de aspectos puramente tecnológicos, cada vez más dependen de las decisiones políticas que se tomen.

Uruguay, energía y exploración de petróleo

Uruguay hizo una enorme transformación de su matriz energética eléctrica. Hay que decir también que nuestra matriz energética global sigue tan dependiente de los combustibles fósiles como lo dejan ver al menos las últimas dos décadas. Las estadísticas que registra el Balance Energético Nacional del MIEM muestra que, desde 2003 al 2024, el abastecimiento de energía en nuestro país por gas, petróleo y derivados expresa una tendencia creciente, leve y sostenida que va desde 1548 a 2468 ketp, respectivamente.

Es nuestra realidad y no desmerece en absoluto la dirección estratégica que tomó el país incorporando agresivamente las energías renovables en la generación eléctrica. Como también es cierto que este esfuerzo en la introducción de las energías renovables no se vio reflejado en la tarifa de UTE y que los costos de nuestras tarifas eléctricas siguen y seguirán siendo más altos comparados a nuestros vecinos de la región que optaron, por ejemplo, por la integración energética regional gasífera.

Hay que señalar que el gas natural es un elemento crucial en la transición energética, permitiendo sostener la demanda global, mejora la performance en relación a las emisiones de gases de efecto invernadero y, puede utilizarse en casi todos los sectores de la economía. Pocos lo discuten. Así, Argentina, Chile y Brasil apostaron por extraer y consumir el gas natural de las cuencas gasíferas argentinas en los próximos 35 – 40 años. El gas argentino ya es una realidad hoy en algunas industrias paulistas. Se han celebrado contratos que aseguran el flujo de gas creciente, las obras de infraestructura y los mercados que lo hacen posible. Pero esto ocurre sin abandonar la exploración de petróleo por parte de nuestros dos vecinos, inclusive a poquitos kilómetros de nuestra frontera.

Uruguay debe analizar sus estrategias en materia energética a partir de las realidades mundiales y regionales. Por ejemplo, puede ser este el momento de pensar la posibilidad de expandir el incremento del uso del gas natural disponible en la región en las próximas décadas aprovechando los actuales gasoductos que nos unen con Argentina, hoy casi ociosos.

¿Hay petróleo en Uruguay?

Nadie puede responder a esta pregunta con certeza. Lo cierto es que la exploración avanza a pesar de que algunos grupos se oponen a la exploración petrolera en nuestro territorio. Cuestiones ambientales e ideológicas son a atender y discutir. Está prevista la realización de sísmica y un nuevo pozo exploratorio en objetivos geológicos que nunca fueron alcanzados en las otras tres perforaciones que existen en el mar. El Ministerio de Ambiente, por su parte, aumentó las exigencias ambientales para desarrollar los trabajos sísmicos por parte de las empresas de servicios. Las empresas petroleras que participan en la exploración de nuestro territorio poseen el reconocimiento de la industria petrolera mundial. Inversiones de cientos de millones de dólares en exploración, a total riesgo económico de éstas, sólo se hacen porque efectivamente creen que existen posibilidades reales de encontrar petróleo y hacer un muy buen negocio.

Los recientes descubrimientos de petróleo en Namibia y África del Sur, entre 2022-2025, han encendido la esperanza entre geólogos, geofísicos e ingenieros en la exploración petrolera en Uruguay. Los profesionales de ANCAP han estimado una probabilidad de éxito cercana al 20%, un porcentaje alto para una cuenca sedimentaria de frontera, con sólo algunos indicios de petróleo y que apenas empieza a despertar.

Si bien debemos ser cautelosos y no “vender la piel del oso antes de cazarlo”, las expectativas actuales son lo suficientemente alentadoras como para iniciar un diálogo social sobre la gestión de los futuros ingresos que el país podría obtener por el petróleo tras un posible descubrimiento.

Si mañana contamos con petróleo o gas, se nos presentarán nuevos desafíos, pero también se abrirán oportunidades para la creación de empleo, el bienestar y el ejercicio pleno de la soberanía. Existen ejemplos inspiradores de cómo aprovechar estas oportunidades; solo necesitamos observar y aprender de los buenos ejemplos.

Gerardo Veroslavsky

PhD en Geociencias – Universidad del Estado de San Pablo

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